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miércoles, 12 de mayo de 2010

Saber prevenir las Ventanas Rotas: prevenir el delito sin asustar al ciudadano



Wilson y Kelling sugirieron hace ya 20 años que la policía podría ser más efectiva en su lucha contra el delito si se centrara en delitos menores. Formularon la hipótesis de que el desorden que no es aplacado aumenta el miedo al delito en una comunidad, iniciando una cadena de sucesos que pueden llevar a disparar los niveles de delito. Si la Policía se centra en aplacar el desorden puede cortar este ciclo de deterioro de la vida en comunidad. Su estudio abogaba por indagar más sobre la relación entre desorden público y miedo al delito en el contexto de la teoría de las ventanas rotas, mediante la observación focalizada en los fallos policiales de atención al desorden y los delitos menores en determinados puntos negros de delincuencia.



Los resultados de un estudio realizado más recientemente por investigadores de la Universidad de Maryland y Jerusalén apuntan a que la percepción social que la comunidad tiene del desorden influye notablemente en el miedo al delito, confirmando la tradicional teoría de las ventanas rotas. A la vez, detectaron que la propia intervención policial en sí misma incrementa la probabilidad de sentirse inseguro, por lo que estos científicos llaman la atención sobre la importancia de CÓMO se aplican los programas policiales de prevención, que han de dirigirse no sólo a reducir el desorden público sino también a prevenir que el miedo ciudadano se incremente en la aplicación de esos programas.




Para ver el estudio completo: Hinkle y Weisburd (2008): “The irony of broken Windows policing…”, Journal of Criminal Justice 36, 503-512.

viernes, 16 de abril de 2010

La confianza en la Policía



En un estudio realizado por Jang y Joo, de las Universidades de Missouri y Houston, se ha descubierto que la confianza que la gente de un país tiene en su Policía depende del nivel de democracia del régimen político y de la tasa de homicidios. Entre las variables individuales se cuenta la edad y el nivel educativo; la confianza en la Policía es menor en individuos con alto nivel de aceptación hacia las subulturas desviadas. Por el contrario, los que están más satisfechos con el desarrollo democrático de su país muestran actitudes más favorables hacia la Institución.



En estos días hemos visto en España como la ardiente politización de una ejecución judicial ha puesto a la Policía en el ojo de las críticas más torticeras. La actuación de los antidisturbios (UIP) en El Cabanyal ha sido, como es habitual, presentada sesgadamente en algunos medios y vituperada descerebradamente como pasa en cada ocasión en la que es preciso que esta unidad emplee la fuerza para la que ha sido dotada legalmente.

Como es habitual, los encuadres y las secuencias se han centrado en las acciones de los uniformados; rara vez “vende” en cámara la tensión, los insultos y, sobre todo, las agresiones que reciben los servidores públicos durante su función. Aunque resulte increíble, todavía hay mucha gente que se cree a pies juntillas la selección visual que le ponen los cámaras como único reflejo de la realidad. La Delegación de Gobierno ha recordado que esos policías estaban allí para cumplir una orden judicial, no para servir de muñecos de tiro al plato; y ha remarcado que el informe de la actividad no indica ningún exceso en el empleo de la fuerza.



La confianza en la Policía española no puede verse empañada por imágenes manipuladas, sacadas de contexto con titulares maniqueos. La confianza pública, afortunadamente, se basa, como nos apunta el estudio científico de los americanos, en los resultados diarios de la Institución y en el nivel de democracia que nos muestran a diario, cumpliendo como cumple su deber constitucional.