No son delitos strictu sensu, en algunos casos no pasan de simples infracciones administrativas o de prácticas poco éticas. El Código Penal no las recoge directamente, aunque cabría plantear si algunas podrían ser reconducidas hacia algunos tipos penales, como la estafa o la amenaza. Pero está claro que siempre son prácticas que te victimizan y que te pueden producir la misma indefensión que si te robaran la cartera. Las sufrimos con rabia o con estoicidad, pero no tendríamos que llegar a asumirlos como normales. Son los DSA
.Desde que se impusieron los informadores telefónicos automatizados, las grandes compañías han encontrado una forma extra de vencer la voluntad del usuario. Las líneas 902 sirven en muchos casos para disuadir más que para informar o tramitar, especialmente cuando a gestionar bajas se refiere.
Un caso recientemente denunciado es el de una operadora de televisión digital de pago, en el que un avieso programa informático procura agotar al usuario, además de sacarle unas perras con el pago compartido de la llamada; las combinaciones menos simpáticas para la empresa (tramitación de bajas) reciben un indisimulado tratamiento de desgaste (prolongadas demoras en ser atendidas por un operador, corte inesperado de la comunicación,…) frente a la rapidez que registran las opciones de alta o información de servicio.
En otro capítulo de mangoneos telefónicos deberíamos hablar de las líneas de información telefónica que proliferaron tras la liberalización, y que ahora tienen en común su escasa eficacia, aunque por informarte (mal en muchísimos casos) de un número te pueden clavar hasta un euro. No existe un mecanismo, que no sea turbio e inoperativo, para reclamar todos esos casos en que la información con la que te despacha el teleoperador es manifiestamente incorrecta; sencillamente, te ves obligado a pagar y a volver a probar suerte (y a pagar de nuevo).
No vamos a entrar tampoco en la referencia al abuso de los datos automatizados que trafican las empresas de publicidad telefónica no solicitada (esos que te llaman a horas intempestivas para anunciarte una promoción). Una reciente normativa perseguirá estas prácticas, pero de momento una grabación te sigue despertando de la siesta, y lo seguirá haciendo hasta que escuches su mensaje completo (para eso está su programa).


