lunes 8 de febrero de 2010

DSA. El timo del silencio negativo de la Admón


Aprovechando una situación de poder, el zorro se convierte en guardián del gallinero. Así, con el valor desestimatorio del silencio, puede camuflar su propia incapacidad para dar contestación a las reclamaciones, o mejor aún (para la Administración), puede zanjarlas a su favor sin ni siquiera entrar a valorarlas.



Con la excusa de que “siempre le queda la vía contencioso-administrativa”, el procedimiento administrativo empuja al administrado a plantearse, casi desde el principio de su reclamación, si le merecerá la pena entrar en litigios con gasto asegurado de abogado, procurador, tiempo y atención.



La Administración sabe (para eso tiene sus estadísticas) que salvo en cuantías reclamadas suficientemente altas, muy pocos vencen la fatiga de seguir adelante en esa siguiente fase judicial. Esta práctica ha degenerado en una perversa sistemática de ganar causas al administrado.



Incluso así, en el caso de las multas de Tráfico es sabido que la Abogacía del Estado le tiró de las orejas hace poco a DGT por abusar de las desestimaciones no fundamentadas, que obligan al Abogado del Estado a defender causas perdidas cuando llegan ante el juez por mor de esta inercia abusiva.

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